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FLESH AND BONE: SI TE GUSTÓ CISNE NEGRO, ESTA SERIE TE VA A ENCANTAR

PUESTOS A ESTAR TIRADOS EN EL SOFÁ VIENDO LA TELE (COSA DE LA QUE NO HAY QUE ABUSAR) PUES MEJOR QUE VEAS ALGO BUENO ¿NO? Y SI HAY DANZA, MEJOR.

Pues eso, que nos gusta traer a este blog temas que pensamos que pueden ser de vuestro interés y ya sabéis que dos de las cosas que más nos gustan (después del Pilates) son el cine y  la danza.

Pues eso, que nos gusta traer a este blog temas que pensamos que pueden ser de vuestro interés y ya sabéis que dos de las cosas que más nos gustan (después del Pilates) son el cine y  la danza.

En esta ocasión, no se trata de un estreno de la gran pantalla, sino de una miniserie que podéis ver a través de la plataforma de vídeos de Amazon (Amazon Prime) y que se llama Flesh and Bone (carne y hueso). Aunque se estrenó en el 2015 no la hemos descubierto hasta ahora y sin ánimo de hacer spoiler de ningún tipo, aquí tenéis  una  breve sinopsis para ir entrando en materia: la serie relata la llegada de una bailarina, un tanto problemática, a una gran compañía de Ballet de la ciudad de Nueva York. Y con esta excusa, el espectador asiste a toda una serie de acontecimientos (a cual más dramático) que suceden en la vida de esta chica y de algunos de los que están a su alrededor.

La serie podemos decir que está plagada de buenas intenciones. Empezando por el hecho de que el reparto está íntegramente formado por actores-bailarines y eso se nota. Sobre todo con su protagonista, Sara Hay, que de hecho tiene más de bailarina que de estrella de la pequeña pantalla (era una de las bailarinas de “Cisne Negro”) y posee un físico perfecto para el papel, que le permite parecer a veces una diva intratable y otras una gacela asustada. Además de la protagonista, nos encontramos con nombres relevantes de la danza como el bailarín y coreógrafo Ethan Stiefel, que está al frente de la coreografía, Irina Dvorovenko, prima ballerina del American Ballet Theatre, o Sascha Radetsky, entre los bailarines del reparto. 

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Otro gran acierto son los títulos de crédito, que nos permiten ver todo lo maravilloso que puede llegar a ser el cuerpo humano en movimiento. Con esos planos casi se palpa el desafío a la gravedad que supone, en ciertos momentos, la danza. Lástima que esos planos subjetivos y que casi te atrapan dentro del cuerpo de la bailarina, no se repitan durante las actuaciones de ballet en los episodios. Aquí se tira más de planos generales y cámara fija que, por una parte nos sitúan en nuestra posición de doble espectador (del espectáculo de ballet y de la serie) pero que nos distancia de los personajes.

La serie juega constantemente con el misterio y éste es otro de sus puntos fuertes, ya que desde el primer episodio se van dejando entrever un montón de cabos sueltos que tienen el foco de atención casi exclusivamente en su protagonista. La puesta en escena de la serie es oscura y elegante y aspectos como la banda sonora y la fotogafía aportan mucho para lograr esa sensación general de opresión y tensión encubierta, hasta el punto que en ocasiones puede resultar agobiante. Pero ya no podemos parar, estamos enganchados y debemos continuar hasta el final. Tal vez sea éste otro logro, en relación al paralelismo con el sufrimiento del bailarín, que encuentra en su principal fuente de placer su máximo dolor. 

También desde el inicio de la serie aparecen desgraciadamente, los estereotipos tan manidos del mundo de la danza y termina cayendo en clichés de guión muy trillados: la ducha tras la violación, el coreógrafo salido, la estrella drogadicta... Todo sacado de la realidad, sin duda, pero mostrado al espectador de maneras que ya ha visto mil veces.

 

Es una pena que los dramas de vestuario repletos de miradas cargadas de odio y comentarios hirientes más propios de una serie adolescente, y los baratos monólogos del director artístico de la compañía Paul Grayson, empañen en ocasiones al conjunto de la producción, siendo el texto y no el reparto en términos generales el principal culpable.

Aunque el resultado final es agridulce, ya que al tiempo que mantiene una atmósfera de suspense, casi de terror psicológico, se recrea en los elementos más habituales del culebrón, nos quedamos con la belleza de la danza  que sirve como un nexo de unión a la mayoría de las tramas, escenas y personajes.